Camine continuamente perdonando a los demás. Es importante decidir perdonar a todos aquellos que nos ofenden o hacen mal, porque si no le abre la puerta al enemigo.

Desarrollar un espíritu perdonador requiere de nosotros lo siguiente: Reconocer, Recibir, Aprender y Decidir.

1. Reconocer que somos pecadores.

Esto nos invita a vivir diariamente en humillación y arrepentimiento ante Dios; recordando que abogado tenemos ante el Padre, a Jesucristo, que es verdaderamente justo (Ref. 1 Juan 2:1).

“Lávame de toda mi maldad y límpiame de mi pecado.” Salmos 51:2 (NVI)

“Si confesamos nuestros pecados, Dios, que es fiel y justo, nos los perdonará y nos limpiará de toda maldad.” 1 Juan 1:9 (NVI)

2. Recibir por fe el perdón de Dios.

Todos nosotros hemos conocido del perdón de Dios a través del sacrificio de Su Amado Hijo Jesús en la Cruz del Calvario. Por fe recibimos Su perdón.

“Esta justicia de Dios llega, mediante la fe en Jesucristo, a todos los que creen. De hecho, no hay distinción, pues todos han pecado y están privados de la gloria de Dios, pero por su gracia son justificados gratuitamente mediante la redención que Cristo Jesús efectuó.” Romanos 3:22-24 (NVI)
Necesitamos recibir con gozo el regalo del perdón de Dios, pues El ya echó todos nuestros pecados a lo profundo de la mar y no tiene memoria de ellos.

“¿Qué Dios como tú, que perdona la maldad, y olvida el pecado del remanente de su heredad? No retuvo para siempre su enojo, porque se deleita en misericordia. El volverá a tener misericordia de nosotros; sepultará nuestras iniquidades, y echará en lo profundo del mar todos nuestros pecados.” Miqueas 7:18-19 (RVR1960)
“Dichoso (bienaventurado, feliz) aquel a quien se le perdonan sus transgresiones, a quien se le borran sus pecados. Dichoso aquel a quien el SEÑOR no toma en cuenta su maldad y en cuyo espíritu no hay engaño.” Salmos 32:1-2 (NVI)

3. Aprender a perdonarnos a nosotros mismo.

La auto condenación no es la manera en que Dios quiere que vivamos. Eche fuera de su vida todos los sentimientos de auto condenación, que son la vergüenza, la culpa y el auto castigo. Si Dios no lo condena, usted tampoco tiene permiso auto condenarse.

“Por lo tanto, ya no hay ninguna condenación para los que están unidos a Cristo Jesús, pues por medio de él la ley del Espíritu de vida me ha liberado de la ley del pecado y de la muerte.” Romanos 8:1-2 (NVI)

4. Decidir perdonar a los demás.

Perdonar a los que nos ofenden o hacen mal no siempre resulta humanamente fácil. Solo con la ayuda de Dios podemos logarlo.

“Porque si perdonan a otros sus ofensas, también los perdonará a ustedes su Padre celestial. Pero si no perdonan a otros sus ofensas, tampoco su Padre les perdonará a ustedes las suyas.” Mateo 6:14-15 (NVI)

La falta de perdón le abre la puerta al enemigo y trae consigo espíritus atormentadores tales como: el odio, el resentimiento, la amargura, la ira (enfado muy violento, deseo de venganza), la cólera (enfado violento), enfermedades, dolencias, etcétera.

Decidamos perdonar como la Palabra de Dios nos enseña, hasta 70 veces 7…

“Entonces se le acercó Pedro y le dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete? Jesús le dijo: No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete.” Mateo 18:21-22 (RVR1960)

Cuando tenga que perdonar a alguien, recuerde cuantas veces Dios lo ha perdonado a usted. Necesitamos permitirle al Espíritu Santo recordarnos aquellos asuntos que requieren ser resueltos en nuestros corazones. Decida mantenerse con un espíritu perdonador.

Preparado Por: Myrna E. Rosado
Inspirado Por: El Espíritu Santo
Fecha: Mayo 2015 – Rev. 4/19

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